ley del espejo

La ley del espejo: transformar en ti aquello que te molesta de los demás

“Siempre que hablo con este acabo de los nervios”, “¿No se dará cuenta de que no me gusta que masque chicle delante de mí?”. No te engañes, lo que hacen los otros solo te afecta si tú quieres. Y sí, antes de echar pestes de los demás, igual tienes que plantearte la idea de transformar en ti lo que irrita de los otros. ¿Quieres saber más? Vente con nosotros, que aquí lo explicamos bien. 

La Ley del Espejo, o por qué te irritan tanto algunas actitudes ajenas

No te estamos pidiendo que seas masoquista ni que digas Amén a cualquier cosa; si alguien se pasa, tienes que ponerle límites. Dicho esto, y si haces un ejercicio de sinceridad, seguro que te has visto en situaciones en las que luego has pensado que no había para tanto.

Que sepas que no eres un bicho raro, este fenómeno está ampliamente estudiado en psicología y se denomina “Ley del Espejo”. Básicamente, consiste en afirmar que la interacción con los demás es un reflejo de nuestro interior, tanto para bien como para mal.

LaMenteEsMaravillosa @mntemaravillosa ·7/01/2018

Ley del espejo: lo que ves en los demás es tu reflejo – http://ht.ly/u1ZV30hAMOT

Si le das una vuelta, esto cambiaría por completo tu visión de la vida. Ya no es que ese tipo tenga una manera de ser que no te gusta y, hasta ahora, no sabías exactamente por qué. Hay algo que tienes que sanar, permitirte o liberar en ti. Igual eso no hará que seáis amigos, pero es lo de menos porque tú habrás entendido por qué te molestabas tanto.

Un caso práctico de Ley del Espejo

Recuerdo una experiencia personal con alguien que me sacaba de mis casillas. Sin embargo, era capaz de tener días magníficos y lo consideraba un buen padre y marido. ¿Qué era lo que me irritaba de él?

  1. Sabía decir “no” y lo hacía de forma natural, sin dudar. Claro que me jodía eso, porque yo no sabía hacerlo. Cuando tenía que decirle que “no” a una persona era un auténtico drama y lo pasaba muy mal. En cuanto lo entendí, vi que ese era un fallo mío, no de la otra persona. 
  2. Decía lo que pensaba cuando le venía a la cabeza. Yo no tenía narices para decirlo por el “qué dirán” y, evidentemente, ver reflejado a alguien que lo hacía me sacaba de quicio. No ha de extrañar, pues, que me pusiera de los nervios.

Cuando reflexioné sobre esa situación, vi a esa persona de otra manera. No era un cabrón, porque cuando se equivocaba y era consciente pedía disculpas. Simplemente, yo tenía unos complejos que no había sanado y él estaba actuando de reflejo. Mi nivel de conciencia aumentó e, incluso, mejoró nuestra relación. 

A modo de conclusión

Transformar en ti aquello que no te gusta de los otros es una obligación moral si quieres mejorar. No te estanques, llora solo lo necesario y luego échale un para para seguir hacia delante. ¿Te ha gustado el artículo? Si es así, en Targgie te facilitamos consejos de desarrollo personal, así que puedes entrar en la web o visitar nuestro perfil de Instagram.

#

Fuente de la imagen: Unsplash

Sin comentarios

Sorry, the comment form is closed at this time.